Nacion Islam- La Verdad detras de la existencia de los Ovni

Nacion Islam fueron los precursores de un magno evento en la cual fue celebrado en el estado de Chicago Estados Unidos, Organizado por el periodista Jaime Maussan les dejare solo la parte primera de este evento importante ocurrido en febrero de este año 2011.

para ver la continuacion de este evento puede pasar a enlace siguiente:

http://www.youtube.com/user/arguspr

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Published in: on 17 abril, 2011 at 12:11 PM  Comments (1)  
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El uso de los soldados puertorriqueños en la segunda guerra mundial

Una historia que a Estados Unidos no le conviene contar

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27 de mayo de 2007

Por Marta Villaizán Montalvo

Envíenos su comentario a martavi@onelinkpr.net

Cuando a finales del mes de febrero, ejecutivos de la televisora estadounidense Public Broadcasting Service (PBS) mencionaron en conferencia de prensa que su documental “The War” no incluye la historia de veteranos latinoamericanos en la Segunda Guerra Mundial, grupos de activistas pro derecho de los latinos en los Estados Unidos, el Gobierno de Puerto Rico y asociaciones de veteranos en la Isla, comenzaron a presionar a PBS para que cambiara el documental.

La protesta tuvo su efecto y el pasado 9 de mayo de 2007, el productor Ken Burns se comprometió a incorporar historias de hispanos en su documental que será transmitido en el mes de septiembre por PBS.

“Por fin Burns entendió que los hispanos tienen una historia tremenda en esa guerra y que sus historias ampliarán el trabajo principal que ya ha hecho”, dijo Manuel Mirabal, presidente de la Asociación Hispana de Responsabilidad Empresarial, en entrevista con José A. Delgado, corresponsal de El Nuevo Día en la ciudad de Washington. “Se ha dado cuenta de su error y los veteranos latinos van a ser parte del documental”.

Pero Ken Burns, quien además de director de películas dice ser historiador, pudiera pasar mucho trabajo e

incluso provocar la censura de los ejecutivos de PBS, si cuenta la verdadera historia de los puertorriqueños en esa guerra.

Porque el uso de los soldados puertorriqueños en la Segunda Guerra Mundial es una historia que a Estados Unidos no le conviene contar.

Documentos desclasificados revelan que en 1944, mientras los Nazis exterminaban con gas a los judíos en sus campos de concentración, cientos de soldados puertorriqueños en Panamá fueron obligados a ofrecerse como voluntarios para experimentos con gases similares con el único propósito de estudiar los efectos de estos agentes químicos en la piel humana.

Los soldados puertorriqueños pertenecían al Puerto Rico Department que fue enviado a Panamá en enero de 1943 para sustituir en el Caribbean Defense Command a los soldados estadounidenses que fueron trasladados a la guerra en el Pacífico.

El diseño, supervisión y posterior análisis del resultado de los experimentos con gases tóxicos estuvo a cargo de Cornelius P. Rhoads el mismo médico que en la década de 1930 realizó en el Hospital Presbiteriano de Puerto Rico experimentos financiados por la Fundación Rockefeller y que según sus propias palabras durante su estadía en la Isla, “hizo lo mejor que pudo para acelerar el proceso de exterminio (de los puertorriqueños) matando a ocho y transplantandoles cáncer a varios más”.

En 1943, Rhoads, entonces Jefe de la División Médica del Servicio de Guerra Química, (CWS por sus siglas en inglés) y su asistente, George W. Perkins, Teniente Coronel del Servicio de Guerra Química, eran los responsables del estudio y determinación de los efectos de los gases, el modo de detectarlos y el desarrollo de métodos prácticos de protección.

“Con respecto a determinar el valor protector de la ropa y los unguentos, será necesario contar con voluntarios que estén dispuestos a someterse a ciertas pruebas”, decía Perkins en un memorándum con fecha de julio 21 de 1943 a Alden H. Waitt, Director General del Servicio de Guerra Química. “La expectativa es que las pruebas no resulten en heridas graves, aunque se anticipa que en las mismas se utilizarán agentes activos”.

Para Perkins, la probabilidad de que los hombres quedaran incapacitados y requirieran hospitalización por un período de dos a tres semanas eran altas. Por esta razón señalaba que, “contando el tiempo de desplazamiento, la preparación para las pruebas y la posible hospitalización se necesitaría a los hombres por cinco o seis semanas”.

“El poder obtener hombres en adiestramiento por un período tan extenso es difícil”, añadía Perkins, “ya que no meramente se perjudica su preparación individual, sino que en el caso de aquellos que son miembros de una Unidad, se interfiere con la Unidad entera”.

También en el memorandum, Perkins descarta la participación de soldados estadounidenses en los experimentos y menciona que sería deseable la adquisición de voluntarios de organizaciones permanentes apostadas en los Estados Unidos o de las filas de los objetores por conciencia.

“Le sugiero que discuta este asunto con el oficial de personal militar pertinente y que incluya al Coronel Rhoads y quizás a mí tambien”, decía Perkins a Waitt. “El Coronel Rhoads se encuentra preparando los detalles de las pruebas que ya se están considerando”.

Y poco tiempo le tomó a Cornelius P. Rhoads preparar los detalles de los experimentos.

Diez meses más tarde, en una carta con fecha de mayo 17 de 1944, Alden H. Waitt le solicita al Oficial de Operaciones de Campo en San José Panamá, “que se esfuerce en procurar del Comandante General del Caribbean Defense Command el personal que sea necesario para las pruebas tropicales con gases”.

“Los investigadores que estudian los gases vesicantes”, decía Waitt, “se topan con el obstáculo fundamental de que la piel de los humanos es tan anatomicamente diferente a la de los animales de laboratorio, que los últimos son relativamente inservibles como sujetos para la experimentación. El personal voluntario hará posible la adquisición de conocimiento en lo que respecta a la prevención y el tratamiento de quemaduras y ayudarán en el desarrollo de una familiaridad con los gases vesicantes y la consiguiente disminución del miedo a sus propiedades desconocidas”.

Waitt concluye la carta informándole al Comandante General que ya se estaban realizando proyectos piloto con tropas estadounidenses en el arsenal Edgewood, Maryland y Bushnell, Florida para comparar los resultados con los que se llevarían a cabo en Panamá.

Según un estudio realizado en 1998 por la organización “Fellowship of Reconciliation”, Test Tube Republic: Chemical Weapons Test in Panama and U.S. Responsibility, el Servicio de Guerra Química realizó 130 experimentos con gases tóxicos en la isla de San José, Panamá, entre los años 1944 y 1947.

John Lindsay-Poland, autor del informe, señala que uno de esos experimentos, Relative sensitivity to liquid mustard gas of continental U.S. Troops and Puerto Rican troops in a tropical climate – San Jose Project Report, No. 24, se realizó entre agosto 9 y agosto 15 de 1944 con el propósito de comparar los efectos del gas mostaza en la piel de los puertorriqueños y en la de los estadounidenses.

Este experimento en específico produjo dos resultados. En primer lugar, los efectos del gas mostaza a corto y a largo plazo son devastadores en el ser humano. En segundo lugar, el gas mostaza – contrario a Rhoads – no discrimina por origen nacional.

Sobre el gas mostaza, dice el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC):

Las quemaduras extensas de la piel por la exposición al gas mostaza pueden ser mortales.

Respirar los vapores en forma prolongada puede causar enfermedad respiratoria crónica, repetidas infecciones respiratorias o la muerte.

La exposición prolongada de los ojos puede causar ceguera permanente.

La exposición al gas mostaza puede incrementar el riesgo de que la persona sufra de cáncer de pulmón y de los órganos del aparato respiratorio.

Por sus experimentos crueles y degradantes con seres humanos, en particular soldados puertorriqueños, el Departamento de Guerra de los Estados Unidos le otorgó a Cornelius P. Rhoads el premio de la Legión de Mérito.

Así lo reseña el New York Times en su edición del 6 de mayo de 1945:

El Departamento de Guerra anunció ayer que se le otorgó el premio de la Legión de Mérito al Coronel Cornelius Packard Rhoads, residente en el 345 de la calle sesenta y ocho Este, director del Memorial Hospital para el tratamiento del cáncer y enfermedades aliadas y por casi dos años Jefe de la División Médica del Servicio de Guerra Química. Al mismo se le cita por el desarrollo de métodos para combatir los gases venenosos y otros avances en la guerra química.

El Coronel Rhoads, de 46 años, fue el encargado de la División Médica del Servicio de Guerra Química desde junio de 1943 hasta el mes pasado y fue quien fundó el Laboratorio de Investigación Toxicológica en el Arsenal Edgewood en Maryland y el Laboratorio de Investigación Médica en el Campo de Pruebas Dugway en Tooele, Utah.

“El (Coronel Rhoads) desarrolló métodos nuevos para el diagnóstico y tratamiento en la curación de heridas provocadas por químicos tóxicos y perfeccionó un compuesto para contrarrestar los efectos del gas vesicante”, dice la cita. “Creó estaciones de experimentación médica en Bushnell, Florida y en la Isla de San José en la Zona del Canal. También desarrolló equipos para detectar la presencia de gases de guerra en el aire, la comida y el agua”.

El documental “The War”, del cineasta Ken Burns que PBS tiene previsto presentar en septiembre, será una historia incompleta si no incluye la aportación de los puertorriqueños en la Segunda Guerra Mundial.

Porque los soldados puertorriqueños en la Segunda Guerra Mundial, tienen una “historia tremenda” de valor y de horror que debe ser contada.

Porque los soldados puertorriqueños en la Segunda Guerra Mundial, esos soldados que Rhoads y sus colegas consideraban un poco mejor que los animales como sujetos de experimentación, contribuyeron más que muchos otros para el éxito de esa nación en esa guerra.

Porque el soldado puertorriqueño en la Segunda Guerra Mundial luchó en dos frentes: uno contra el enemigo y otro contra el aliado.

Fuente: http://myweb.ecomplanet.com/eldt6383/mycustompage0368.htm

Published in: on 4 abril, 2011 at 9:37 AM  Comments (11)  

107 años de experimentación humana en Puerto Rico

Cuándo Estados Unidos le pedirá perdón a los puertorriqueños?

La prensa internacional destacaba el pasado miércoles la noticia de que un equipo de abogados presentará una demanda contra Estados Unidos por haber realizado en Guatemala experimentos médicos en los que infectaron a decenas de personas con sífilis en la década de 1940.

Con títulos como, “Cobayas humanos”, “La oscura historia de la experimentación médica” y hasta “El experimento del diablo”, son algunas de las reseñas que ocuparon las primeras páginas de los periódicos desde la China hasta la Patagonia.

Mientras tanto, aquí en Puerto Rico dos de los periódicos de mayor circulación en la Isla apenas le dedicaron 5 líneas copiadas de la Agencia EFE.

Pero a nadie debe extrañar.

La falta de interés por parte de los medios de comunicación en Puerto Rico por la discusión y análisis del tema de la experimentación humana es el producto del buen trabajo de desinformación sobre el uso de los puertorriqueños como Conejillos de Indias que ha realizado el gobierno de los Estados Unidos por más de 100 años.

En Puerto Rico el primer experimento se realizó en 1904, (California State Journal of Medicine, November, 1905, p. 341), y el más reciente se lleva a cabo HOY. Cientos de miles de puertorriqueños durante 107 años han sido usados para los más degradantes y criminales experimentos que alguien pueda imaginar. Desde el estudio de nuestras características fisiológicas por considerarnos defectuosos, (“unfit”), pasando por los experimentos con radiación, insectos, enfermedades, vacunas, armas para la guerra química y biológica, entre otros, hasta el día de hoy que somos los favoritos de la industria farmacéutica con un total de 1,158 experimentos humanos citados en la página oficial del Instituto Nacional de la Salud, Clinical Trials.gov.

Documentos desclasificados y revistas científicas disponibles en Internet cuentan la historia criminal de los Estados Unidos en Puerto Rico. Aún así, (aunque resulte absurdo), casi el 90% de nuestra población “atesora pertenecer a” la nación que nos tortura.

Y la negación de esa tortura, la conozco de buena tinta…

Para mayo de 2007, decidí publicar una investigación sobre el uso de 2,000 soldados puertorriqueños en la segunda guerra mundial para observar los efectos tóxicos del gas mostaza sobre la piel humana. (Ver artículo, http://myweb.ecomplanet.com/eldt6383/mycustompage0368.htm )

Como es costumbre, envié una copia del artículo a un querido amigo periodista para su análisis preliminar. Éste, a su vez, lo compartió con un amigo suyo, entonces un alto oficial militar. La respuesta no se hizo esperar: ¡Ay!, chico coño, no publiques esa información. Total…, toda esa gente ya está muerta.

De más está decir que mi amigo la publicó. “A ver si el gas pela”, me dijo.

El caso guatemalteco que esta semana le ha dado la vuelta al mundo surge por primera vez en la prensa internacional en octubre de 2010. En ese momento y en un acto de contrición, la Sra. Hillary Clinton aseguró estar “indignada” por el simple hecho de que semejante proyecto fuera auspiciado por el sistema público de salud de Estados Unidos.

“El estudio llevado a cabo en Guatemala para inocular enfermedades de transmisión sexual carecía claramente de ética”, indicó Clinton. “Lamentamos profundamente que esto sucediera y pedimos perdón a todas las personas que fueron afectadas por tan horrendas prácticas”, concluyó la funcionaria.

Tras 107 años de experimentación humana en Puerto Rico, ¿cuándo Estados Unidos le pedirá perdón a los puertorriqueños

Fuente: http://contratodaautoridad.com/columnas/columnista-invitado/764-107-anos-de-experimentacion-humana-en-puerto-rico.html

Published in: on 4 abril, 2011 at 9:24 AM  Comments (2)  
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